BRUNO IN MALLARDOLAND by Karen Haber                      
                                             

         ¡Bienvenido a Mallardolandia! Pase, no tenga miedo, la entrada es gratuita. No le pedirán nada, salvo que su sentido del absurdo esté en plena forma. Mallardolandia es el lugar en el que “Alicia en el País de las Maravillas” lleva un CD por falda y dientes en forma de clavicordio en vez de llaves, donde sonrientes gatos tienen huevos rellenos por ojos, y una tetera a la fuga, con una trompa de elefante por pitorro, podría secuestrar a Julio Verne. Mallardolandia es la divertida Web del aclamado artista-ilustrador francés Bruno Mallart (ahí va una pista: es el que lleva el sombrero de Napoleón en la primera pantalla que aparece). Pero es mucho más que eso. Se trata de toda una explosión de color, un sitio especializado en sueños imposibles, repleto de animales extraños y artefactos de diversión, en el que Bruno Mallart pasa la mayor parte de su tiempo. Está situado en algún lugar recóndito de su imaginación, y es para él fuente de inspiración a la hora de ilustrar tanto libros infantiles y clásicos de la fantasía, (“Alicia en el País de las Maravillas” es un ejemplo), como tarjetas de felicitación y publicaciones en la prensa de Estados Unidos y Europa, (“The New York Times”, “The Wall Street Journal” y “Le Monde”, entre otras). Sus ingeniosos collages proveen de ilustraciones a los mayores publicistas de su Francia natal, y llegan a clientes muy diversos del mundo entero. Para entrar en Mallardolandia no tiene más que teclear http://www.brunomallart.com en su ordenador.
Pero antes de emprender el viaje, eche un vistazo a la siguiente entrevista que Bruno ha concedido a Realms of Fantasy.

   
                                             

P: ¿Qué le gusta de su trabajo?
R: Me gusta la idea de inventar un universo en función de lo que se me pasa por la cabeza.
Todos tenemos imaginación, un cierto sentido creativo, y yo tengo la rara suerte de poder utilizarlo de verdad en mi trabajo, en el que lo imaginario prima sobre lo técnico. De hecho, estaría encantado si las imágenes que se me van ocurriendo pudiesen imprimirse directamente desde mi cerebro, en vez de tener que trazarse con la mano.

     
 

P: ¿Ha tenido siempre tan buen sentido del absurdo? ¿De dónde lo ha sacado? (¿Hay alguien más en su familia que padezca semejante enfermedad?)
R: ¡Creo que todo el mundo la padece! En mi familia, y en todas partes. ¿Acaso no es absurdo el mundo que nos rodea? No me refiero a las cosas espantosas que ocurren sobre la faz de la tierra, sino a la vida misma, al mero hecho de que estemos aquí. ¿No se trata eso ya de un sueño incongruente? Creo que el planteamiento por mi parte de esa problemática se remonta al momento en el que empecé a pensar  (a la edad de 4 años, 3 meses y 8 días), aunque no comencé a plasmarla en papel hasta que estaba en la escuela de artes gráficas, que era un muy buen establecimiento de enseñanza superior, en el que la excelencia primaba sobre todo lo demás. Allí reinaba un ambiente de constante competición, en el que me sentía un poco fuera de lugar, y en el que reaccioné desarrollando en mis trabajos un estilo basado en el humor absurdo, incluso ligeramente cínico. Más adelante, cuando me inicié como ilustrador profesional, abandoné ese estilo para centrarme en cosas más clásicas, pero me resultaba aburrido y decidí volver a mis orígenes. 


 

P: Su obra es muy surrealista, muy juguetona, muy maravillosa. ¿Qué tipo de reacciones confía en provocar en aquellos que la contemplan?
R: Cuando me pongo a crear imágenes, no tengo en mente a un destinatario concreto. Intento más que nada darme respuestas a mí mismo. No pienso en los posibles lectores/espectadores, sino en mí, en lo que a mí me gustaría ver. Lo que más me gusta es sorprenderme a mí mismo y divertirme, por lo que me inclino a pensar que el público va a reaccionar de la misma forma. 

P: ¿Qué importancia tienen el humor -y la sorpresa- en su obra?
R: Como decía antes, el humor es el motor de mi trabajo, aunque siempre esconde algo más serio, que ni yo mismo sabría definir. Solo sé que el humor, en todas sus formas, responde siempre a algun tipo de reflexión, a alguna problemática.

         
     
                                                                           
                 

P: A menudo encontramos mucho movimiento - un ritmo fascinante- en sus ilustraciones. ¿Se trata de un deseo consciente de reflejar elementos cinéticos en su obra?
R: En efecto, en mi obra aparecen de forma habitual ruedas, cintas transportadoras y otros engranajes. No sé porqué ¡no puedo evitarlo! Lo cierto es que me atrae mucho todo lo relacionado con la mecánica (¡aunque como mecánico soy un desastre!). Las series de piezas en movimiento, como las que aparecen en “Tiempos modernos” de Charlie Chaplin, son preciosas. Aunque también me gusta, y se refleja en mis imágenes, el lado sucio, grasoso y oxidado de las viejas máquinas.

                 

P: ¿Con qué elementos tuvo que enfrentarse a la hora de ilustrar el famoso cuento fantástico “Alicia en el País de la Maravillas”?
R: Se trataba de un proyecto con un objetivo muy claramente definido, una obra de encargo para una agencia de diseño. Si uno se fija bien, se pueden ver todo tipo de productos actuales dentro de las imágenes. Se trata de los productos diseñados por dicha empresa a lo largo de sus veinte años de existencia. Celebraban su vigésimo aniversario y querían celebrarlo publicando un libro especial.
La dificultad residía en encontrar, por un lado, una manera original, y no nostálgica, de ilustrar ese cuento del siglo XIX, y, por otro, los truquillos gráficos que pudieran permitirme insertar objetos tales como ¡un botiquín, un tubo de pasta de dientes o una galletita salada!

 

P: Ilustrar “Alicia” ¿era algo que había querido hacer desde siempre? ¿Qué le sirvió de inspiración?
Es cierto que se trata de uno de los cuentos que más ha servido de inspiración a los ilustradores, desde el propio Lewis Carroll hasta Ralph Steadman. Volví a leer el libro con atención. Su sabor está en la ensoñación, en lo absurdo, pero, sobre todo, en el humor de los juegos de palabras en inglés. Aunque éste sea un aspecto que lógicamente no pueda traducirse en imágenes, creo que mi universo gráfico está en perfecta sintonía con esa forma de narración tan particular, puesto que también sustituye ciertas formas por otras, para crear sorpresa.

 
                                         
                                                                                         

P: Con el hecho de utilizar discos compactos para la falda de Alicia, o de dibujar al gato de Cheshire cepillando su famosa sonrisa con pasta de dientes, ¿pretendía dar a la ilustración un aire contemporáneo o se trataba simplemente de un deseo de dibujar a los personajes de un modo original?
R: Está claro que, por exigencias del encargo, había que situar a Alicia en un universo moderno. Sin embargo, en mi obra siempre hay elementos que resurgen del pasado, y son esos lazos entre pasado y presente los que le dan ese toque de originalidad.

P: ¿Hay algún otro cuento que le gustaría ilustrar?
Tengo un proyecto para ilustrar “Los tres cerditos”, que, en principio, se va a llamar “Los tres grandes marranos”: Se trata de una delirante parodia, que nace a partir de la desestructuración del lado más moralizante de la historia.

 

P: ¿Se dedica a la búsqueda de “objetos perdidos” para sus collages?
R: Siempre estoy pendiente de conseguir objetos insólitos que pudieran servirme para hacer los collages. Mis amigos lo saben y se alistan voluntariamente como emisarios a la hora de ir al rastro ¡o a cualquier estercolero! Su último hallazgo es una caja de viejos botones dorados, que terminarán haciendo las veces de ojos de algún rinoceronte enchufado…


         
               
                                                         

P: Los objetos que utiliza en sus ilustraciones (discos compactos, cigarrillos Chesterfield, etc.) ¿los escanea tal cuáles o los dibuja?
R: Ese tipo de objetos están, lógicamente, escaneados. La fuerza de mis creaciones consiste, precisamente, en el collage de esos elementos reales, que eleva la magnitud de la composición. Si me dedicase a dibujarlos, no sólo tardaría una eternidad, sino que el resultado perdería gran parte de su sabor.

               
                                             
                                                                                       
                       

P: ¿Con qué frecuencia suponen esos “objetos perdidos” una fuente de inspiración determinante?
R: No suelo partir de objetos a la hora de concebir un nuevo dibujo. Cuando encuentro alguna cosa, o algún viejo documento, la escaneo a muy alta resolución. Por supuesto, ha de tratarse de algo que pueda colocarse bien sobre el escáner. Utilizar fotografías ya no me gusta tanto, primero, porque la definición que se obtiene no es comparable con la maravilla que resulta del escáner, y segundo, porque aporta un tipo de perspectiva que está poco presente en mi obra. Una vez que el objeto ha sido escaneado, pasa a formar parte de los miles de elementos que voy almacenando en el disco duro del ordenador, y a los que puedo echar un vistazo cuando estoy realizando un nuevo dibujo.

       
                                                                                 
 

P: ¿Incorpora alguna vez objetos o collages en tres dimensiones?
R: Hubo un momento en el que pintaba mucho sobre cajas abiertas, cajas divididas en compartimentos. La verdad es que la idea de crear imágenes compartimentadas me gusta. Tiene uno la impresión de estar contando una historia, como en los tebeos. A partir de entonces empecé a utilizar el ordenador, que me divierte mucho por las increíbles posibilidades gráficas que presenta. Lo cierto es que me apetecería dar el salto hacia las tres dimensiones y lograr esculpir conservando mi estilo. De hecho, ya he reunido bastantes objetos para ponerme a ello.

                                     
                     
                                                                   
 

P: ¿Ha fabricado alguna vez juguetes?
R: No, nunca. Bueno, sí, una vez, cuando era adolescente. Mis padres me habían regalado una maqueta de madera, un barquito pesquero muy bonito, con el casco hecho de varitas muy bien moldeadas, con mucho detalle. Pero cuando lo hube terminado, me quedé con la sensación de que le faltaba algo... así que le añadí unas ruedas, y, lo más importante, lo monté sobre una delirante estructura que recordaba a una refinería de petróleo. Se trataba de un juguete sofisticado, que no servía para nada, es decir, de algo absurdo, ¡pero en el que invertí cientos de horas de trabajo!  


                 
                                     
             

P: Dentro de su propia obra, ¿qué imágenes son sus preferidas?
R: Una de mis imágenes preferidas es aquella que representa a un perro (algunos creen que es una vaca) cuya cabeza es una máquina de escribir. La hice para la cubierta de una novela de Kate Atkinson, pero me la rechazaron. ¡No sabe ella bien lo que se ha perdido!

                                                 
 

P: ¿Qué tipo de libros prefiere ilustrar y por qué? ¿Libros para niños, o para adultos?
R: Tengo una clara preferencia por los libros destinados al público adulto. Cuando ilustro cosas para niños tengo que autocensurarme.

                 
                                                     
 

P: ¿Tiene colores preferidos? ¿Cuáles?
R: Me gustan todos los colores por igual, incluso aquellos que suelen considerarse más feos. De hecho, no existen los colores feos, sólo las malas combinaciones de colores. He de reconocer, sin embargo, que me cuesta trabajar con el verde, porque, aunque me gusta, no sé utilizarlo del todo bien.

   


Sigmund Freud by Tulio Pericoli

   
                                                 
               

P: ¿En qué artistas se inspira?
R: Soy muy fan de la obra de algunos de los más grandes ilustradores, como Saul Steinberg, Ralph Steadman o Tulio Pericoli.

     
         
                                     
                                                               
 

P: ¿Y en qué tipo animales?
R: Me gustan los animales redondos, macizos, como la tortuga, el rinoceronte, el elefante, o el cerdo. En todo caso, cuando dibujo uno, le añado ruedas, o una cabeza que en principio no le correspondería. No me pregunte porqué, porque no lo sé, pero el caso es que no puedo evitarlo.

         
     
       
   

P: ¿Cómo ha influido en su obra la formación que tiene en arquitectura?
R: Creo que la formación en arquitectura proporciona una buena base para la composición del espacio y la circulación, lo que también tiene su aplicación a la hora de dibujar. Sin embargo, no creo que haya tenido una influencia directa en el desarrollo de mi estilo; más bien lo contrario: si hubiese sido arquitecto, habría trabajado completamente influido por mi línea como dibujante. 

 
       

P: ¿Escucha música mientras trabaja? y si lo hace, ¿de qué se trata?
R: Sí, escucho música, sobre todo canciones con buenas letras. Me gusta que me hablen. De hecho, lo que más escucho es la radio, donde la gente habla, y, a ser posible, parar decir cosas interesantes. Esa es otra de las ventajas de mi profesión, que se pueden escuchar historias mientras se trabaja.

 
                                               
                                                                               

P: ¿Por qué será que la fantasía atrae a niños de todas las edades?
R: A todos nos gusta que nos cuenten historias, y, a ser posible, que sean estrafalarias, que se salgan de lo normal. Los niños tienen muy clara la diferencia entre la realidad y la fantasía, y les encanta manipular lo concreto y lo imaginario para viajar de lo uno a lo otro. Tal manipulación entraña probablemente algún tipo de placer intelectual.

P: ¿Cómo definiría lo que es “fantástico” o “surrealista”?
R: Para mí hay una diferencia fundamental entra lo fantástico y lo surrealista. Lo primero corresponde a un mundo inventado, paralelo al nuestro, pero que funciona de la misma manera. Es decir, que aunque podamos encontrarnos criaturas imaginarias y extrañas en él, no deja de regirse por una lógica muy similar a la que gobierna nuestra realidad. Lo segundo corresponde a un estado de consciencia distinto, en el que la lógica desaparece para dar lugar a un tipo de construcción mental improbable, que se asemeja más al sueño, o al inconsciente. Por ejemplo, considero “El Señor de los Anillos”, de JRR Tolkien, como algo fantástico y “El viaje de Chihiro”, de Hayao Miyazaki, como una historia surrealista.   

                                   
     

P: ¿Cree que el arte de lo fantástico es universal o lo considera algo específico a cada tipo de cultura?
R: Como en cualquier otro tipo de ficción, el arraigo cultural es muy fuerte. Lo fantástico se construye siempre en base a una cultura específica, a menudo apoyándose en la mitología, por ejemplo. Los cuentos de “Las mil y una noches” surgen de la cultura persa y árabe, y las historias fantásticas medievales de las leyendas artúricas.

P: Si pudiera elegir, ¿qué edad preferiría tener? R: ¡Me gustaría ser lo más joven posible!   
                   

P: ¿Prefiere dibujar o servirse del ordenador?
En estos momentos lo que más utilizo es, sin duda, el ordenador, aunque no para dibujar, ya que encuentro la pintura y el dibujo tradicionales infinitamente más ricos y vigorosos. Mi utilización del ordenador se parece más a la cocina: una vez escaneados los distintos ingredientes, los mezclo, los transformo, los deformo, los troceo…las posibilidades son infinitas.

               
 

P: ¿Con qué se enfrenta a la hora que crear ilustraciones destinadas a un público internacional anglófono?
Es cierto que soy de cultura francesa, pero a menudo me han dicho que tengo un estilo más accesible a las culturas anglosajonas. No sé si es cierto. Creo que la profesión de ilustrador es exactamente la misma aquí y en Estados Unidos, y que la gente reacciona de igual manera. ¡Probablemente consista en eso, la cultura de la globalización!

               
                                                       

P: ¿Le daría algún consejo a los jóvenes aspirantes a artista?
R: Que hagan lo que les gusta desde el principio. Yo perdí mucho tiempo haciendo dibujos que no me convencían porque pensaba que lo que yo prefería no era lo bastante comercial, y, desde luego, me equivocaba.

P: ¿Les recomendaría entrar en Mallardolandia (su Web)?
R: ¡Desde luego! Acabo de actualizarla con un nuevo apartado, El Mallardostore (que es mi tienda online). Un poco en la línea de la Apple Store, pero mucho más divertida…